<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080</id><updated>2011-07-29T02:36:00.077-07:00</updated><category term='Antología el mapa no es el territorio'/><category term='Marcelo Novoa'/><category term='Daniel Rojas Pachas'/><category term='Felipe Ruiz'/><category term='Cristián Gómez'/><category term='Revista Antítesis'/><category term='Daniel Hidalgo'/><category term='Cinosargo'/><category term='Plaquettes'/><category term='Carlos Henrickson'/><category term='Chilean Poetry'/><category term='Rodrigo Arroyo'/><category term='Mario Borel'/><category term='Arquero'/><category term='Andrés Florit'/><category term='Luis Riffo'/><category term='Músico de la corte'/><category term='presentación'/><category term='Alfabeto para nadie'/><category term='La Nación'/><category term='Jorge Polanco'/><category term='Felipe Moncada'/><category term='Álvaro Bisama'/><category term='Carlos salazar'/><category term='Juan Pablo Pereira'/><category term='Pablo Paredes'/><title type='text'>Crítica   +   Reseñas   +   Artículos   +   Presentaciones</title><subtitle type='html'>De nuestros libros</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>14</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-31601897646475385</id><published>2009-07-26T14:19:00.000-07:00</published><updated>2009-07-26T14:22:51.962-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Daniel Rojas Pachas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cinosargo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alfabeto para nadie'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cristián Gómez'/><title type='text'>Crítica de Alfabeto para nadie por Daniel Rojas Pachas en Cinosargo</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;Alfabeto para nadie de Cristián Gómez: La épica de lo cotidiano. &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro alfabeto para nadie de Cristián Gómez (Editorial Fuga 2008) nos presenta desde su primer poema “El más paciente” y a lo largo de todo su cuerpo textual me atrevería a señalar, una dimensión poética que emerge de lo cotidiano, su voz aterriza las expectativas del lector introduciéndonos por espacios conocidos y sospechados. Sin ser repetitivo o cliché, tropezamos en el texto con recintos e instituciones ante las cuales uno lidia diariamente ya sea en la ciudad, el patio de nuestros hogares, durante la cena, al ir al cine, contraer una gripe o hacer zapping el domingo por la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que la voz que emerge, actúa como un canal que va pormenorizando las ataduras del hombre común desde lo macro aplastante e incontrolable que paradójicamente nos controla a todos sin excepción y por completo, con algo tan simple e insubstancial como una cifra, password o cartel de prohibición, para llegar a lo más particular e imperceptible a simple vista, una pantalla en el fuero interno de los enunciantes enunciados, las voces que residen en los poemas, pareciesen someterse a un escáner que nos muestra de modo transparente sus ideas, sentires y pesares, me refiero a la familia del niño afectado por un cáncer, el conductor del camión de helados, un paseante que se siente extranjero al recordar lo que era su ciudad durante la infancia, los poco enterados visitantes de un museo y el pequeño propietario de unas tierras entre muchos más, todos demuestran en sus cuerpos y mentes, los efectos de dicha represión, el malestar, la esperanza fatua de un punto de fuga o el delirio metafísico en una constante atmósfera de asfixia e imágenes falsas y dudosas que se suceden precarias y efímeras como un acelerado videoclip en frenético formato de slideshow tendiendo a hacer dudar al hombre de su propia anatomía y las conductas más básicas y vitales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las batallas que hoy en / día se pelean / ocurren todas en el desierto: / las cámaras, las luces, el / público que lo ovaciona: / elementos puramente del / decorado, / que no habrá de modificar / la decisión dividida de los jueces. / Una autobiografía como cualquier otra / revestida de la misma elegancia de / un crepúsculo, un espejo siempre / de sí mismo, una repetición del aire / que respiramos y / dejamos / de respirar&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;pero el cabaret El Infierno / sería pronto reemplazado por un estacionamiento de dos&lt;br /&gt;pisos que no / tardó mucho tampoco en ser asimismo reemplazado / por uno de tres. La penitenciaría, el mercado, la estación. / No hace mucho almorcé por ahí con un amigo que dice / ya no ser mi amigo. También subieron los precios. / Lo único que ha bajado es la bencina. / Debe ser lo que / estoy tomando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me aventuro a afirmar que la poesía de Gómez asume en “Alfabeto para nadie”, una estridencia deforme de la cotidianidad en la cual se entremezclan situaciones en apariencia inconexas pero que van revelando en su rostro limpio y ordenado de la rutina, las secuencias deformes y horrorosas de lo cotidiano que descansan en el absurdo del mundo suburbano, similar a lo que ocurre en Blue Velvet de Lynch ante la aparición de una oreja humana tirada en medio de un jardín o descampado de una población o comuna que se jacta de su lógica y pulcritud moral, otro parangón sería la estética del videoclip realizado por Howard Greenhalgh para el tema grunge “Black Hole Sun” de Soundgarden o un pequeño fragmento presente en la historia de una pareja de jóvenes vagabundos junkies que Jonas Akerlund cuenta en el video que realizó para el tema “Try try try” de Smashing Pumpkins. Todas estas referencias visuales así como la poesía de Gómez, revientan de modo masivo sobre un acartonado paraíso de clase media, se trata de la ironización y desmitificación total del simulacro que puede inspirar el insípido monocorde de los años 60, representado y proyectado por un sueño americano y occidental, molde exitista repetido y reformulado de todas las formas posibles y hasta la saciedad en el mundo actual a través de las promociones de las cadenas de comida rápida, los grandes íconos y discursos de modernidad y progreso de norte a sur en nuestro continente y país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ok: touché. Así decía mi hermano / cuando hacíamos esgrima con palos de escoba /&lt;br /&gt;y terminaba sacándome cresta y media cuando / a los dos se nos pasaba la mano con el ardor de / los guerreros: él moriría poco después, tendido / en una cancha de fútbol, mordiendo no sé / si con desesperación el pasto, de seguro / ya inconsciente, producto de una falla en / el ventrículo derecho del conjunto arterial. / El camión de los helados pasa haciendo sonar / la sirena, los niños están a punto de alcanzarlo y / el conductor sólo piensa en lo fácil que será entregarle / las planillas al supervisor del turno de las mañanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gómez aborda con su poesía el falso rostro de la verdad, el fin de lo mágico, la muerte de la inocencia ante el desenmascaramiento de un espacio de interpretación que nos es vetado por encontrarnos en medio del ojo del huracán, al ser usuarios inconscientes de este sistema. El ojo del poeta en cambio, vate (vidente) y creador empuja desenfadado la mentira al rostro impactado de sus lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aplaude la asamblea. La obra gruesa está / acabada, por ahora el principal objetivo es lograr que los / festejos sigan en manos de los que no saben (lo) que / están festejando y todo el mundo vea en ello otra / consecuencia inevitable en un mundo plagado de / consecuencias inevitables.&lt;br /&gt;En otras palabras, se emprende gracias al texto, un recorrido por la historia de todos a través de la mirada de… me atrevo a sugerir; quizá un agonizante hombre que muerde el césped mientras su corazón comienza a constreñirse… el texto en tal medida desciende a la pequeña historia y gesta diaria de modo que la escrituración que en principio se declara en su título nihilista, cerrada y muda a todos, “alfabeto para nadie”, resulta en realidad un alfabeto para todos, abierto y marchante bajo las directrices plurales de la desesperada mudez de la creación que combate sus limitantes intrínsecas (la precariedad de sus propios recursos y medios, la palabra, el alfabeto como imposibilidad) y extrínsecas (la paranoia del medio y sus agentes del miedo)&lt;br /&gt;Por tanto Gómez, partiendo desde lo concreto y material; delantales, carteles, pasillos, ciudad y una blancura o asepsia de los espacios interiores de la misma, ámbitos artificiales determinados por un afán tecnócrata de modernidad y uniformación que pretende familiarizar a los usuarios, hacerlos parte y aunarlos bajo el slogan o la imagen corporativa y sus estrategias de la publicidad y el condicionamiento de las voluntades, organiza un mensaje sensible de “quiénes somos” y “cómo operamos” atravesados por este discurso del control. Entonces, aquel niño afectado por cáncer y su familia o el hombre que sufre una afección cardiaca y su hermano, desambiguan como metáforas del mundo, las estructuras del presente. Pasamos de lo semántico: usos, significaciones y sentidos que el poema a través de su discurso y diseño lingüístico expone, a lo estructural y simbólico de la sociedad, la codificación de nuestras existencias y formas de organización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dialécticamente “Alfabeto para nadie”, resulta un texto que asume desde su significación artística una comunicación e interpretación de nuestra época y su épica, con una mirada abierta, crítica y libre de sensiblerías plasmando la lucha de los anónimos y apócrifos que cruzan la calle junto a nosotros o abordan el mismo autobús o colectivo, construyendo en la simpleza de esos actos automáticos, su identidad, mítica, visión y en definitiva verdad, ante las certezas de lo que sin asco debiésemos asumir como un simulacro, poblado de agentes y agencias que construyen y mantienen el alfabeto cotidiano y cerrado, plagado de átomos organizacionales, jerarquías, interrelaciones y su operatividad en grandes sistemas y discursos político-sociales permeando lo más tangible, la institucionalidad y su corpus, recintos como bancos, hospitales y sus pabellones con las consabidas conductas, solicitadas o impuestas, donaciones, filas de pago, créditos, seguros, modales, recato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los granjeros de la zona, al hacer la / cosecha del maíz, tienen que tener cuidado /&lt;br /&gt;de no electrocutarse con los cables del tendido / eléctrico, derribados durante el último tornado. / Al subirse a sus tractores comprados con un largo / crédito que terminarán de pagar sus hijos, no debieran / estar tocando el suelo. Las estadísticas dicen /&lt;br /&gt;que después de una tormenta los índices de / accidentes laborales se incrementan en un / doscientos por ciento, lo que da una cifra / anual de un catorce por ciento acumulado / en las últimas dos décadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;Otros aseguran / que la clave se encuentra / en lo sucedido, si por / lo sucedido se entiende / referir con palabras / decorosas / lo que de otro modo / no sería sino un /&lt;br /&gt;Espejismo&lt;br /&gt;Que el texto nos introduzca a esta revisión de cada objeto cotidiano, espacio y comportamiento, como signo que a su vez desciende a sus respectivos niveles como entidad comunicativa e interpretable, permite al lector extrapolar y llevar el cuestionamiento su realidad, su propia épica. Por ende el recorrido desde mis propias estructuras de mundo y extensiones parentetizadas al ingresar al poema, afectan la lectura pero igualmente estas, se ven afectadas por la lectura y el mensaje poético al salir uno del texto, claro, esto último sólo ocurre si llegamos a realmente abandonar el texto, o sea, si es que somos capaces de dejar de lado por completo la consideración de este alfabeto poético. Quizá materialmente lo hacemos al soltar el libro u hoy en día, al cerrar el pdf o la página web, sin embargo la palabra re-creada por Gómez en su texto, ese alfabeto que no nomina y no reconoce dueño, ciertamente pasa tras su lectura a integrar en la síntesis y contraste con nuestro propio alfabeto, enciclopedia o ideolecto, la nominación particular que como lectores y escritores diarios de nuestra existencia hacemos del mundo y sus contradicciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a hablar, entonces, de una letra.&lt;br /&gt;Del componente, simplemente, de un alfabeto.&lt;br /&gt;Cada lector, dicho sea de paso, tiene su propio rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En conclusión, todos somos ese nadie, todos damos un significado al alfabeto, a la realidad desde nuestra propio rostro y verbalización pero en esa incomunicación que implica un babel moderno donde todos sostenemos a ultranza nuestra propia versión de los hechos y la realidad, existe un punto de comunión, el alfabeto que quiere uniformarnos, que quiere hacernos parte de un único discurso, comercial, político, social… El Alfabeto de Gómez en cambio, ese alfabeto innominado y poético, no pretende poner una talla, logo, color o sabor, por el contrario reconoce la posibilidad de seguir cuestionando y negar. Ello se observa de forma más directa en uno de los poemas más interesantes del libro, “Incurable”, en este el hablante del poema se refiere a un paciente de cáncer terminal que a través del discurso poético se homologa con la imagen del poeta, este rechaza la quimioterapia, resignándose a su condición catastrófica y a su finitud dentro de un mundo, ante el cual consciente carga su patología mientras recuerda la escritura como una parte inextirpable de su calidad de ser que pone las cartas sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo / haber escrito algún poema / me dijo el paciente con / cáncer terminal antes de /&lt;br /&gt;darse por vencido y / negarse a recibir / una nueva sesión / de quimioterapia./ Creo haber escrito, / creo haber puesto encima / de la mesa las cartas / guardadas bajo la manga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en: &lt;a href="http://cinosargo.bligoo.com/"&gt;Cinosargo&lt;/a&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-31601897646475385?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/31601897646475385/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=31601897646475385' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/31601897646475385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/31601897646475385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2009/07/critica-de-alfabeto-para-nadie-por.html' title='Crítica de Alfabeto para nadie por Daniel Rojas Pachas en Cinosargo'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-7889226754496993857</id><published>2008-08-26T12:25:00.000-07:00</published><updated>2009-07-20T11:59:36.699-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Carlos salazar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Arquero'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Felipe Ruiz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Nación'/><title type='text'>Carlos Salazar / La Nación / Sábado 23 de Agosto de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://arquerofeliperuiz.blogspot.com/2008/08/felipe-ruiz-poeta-sub-30-edita-arquero.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;h3 class="post-title entry-title" align="justify"&gt;&lt;/h3&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: center" align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a style="FONT-WEIGHT: bold" href="http://arquerofeliperuiz.blogspot.com/2008/08/felipe-ruiz-poeta-sub-30-edita-arquero.html"&gt;Felipe Ruiz, poeta Sub 30 edita “Arquero”&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;"El concepto de poeta joven ha llegado a su fin”&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-size:100%;" &gt;El manicomio puede ser el trabajo, el gimnasio o un mall afirma este joven poeta que removía el cieno del pantano estancado en la poesía lola de comienzos de esta década y fines de la anterior como una pulga en el poemario. Tras conocer la locura desde dentro y sin llave de salida, hoy edita “Arquero”, su tercera obra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un sábado, Felipe Ruiz se paraba ante la intelectualidad de izquierda junto a su amigo y poeta mapuche "El Llancao" y recitaba en las fauces del cuiquerío snob: “Qué se creen cuicos culpaos/Por qué lo miran así/Que si acaso ellos se han leído algo más de Neruda que no hayan tocado los Jaivas?”. Aplaudido por gente de lentes marco grueso que sólo ven películas en Cinemax y leen la contraportada de los libros, esos versos que Ruiz garrapateaba desde el subterráneo de la casa más grande del barrio Maruri tienen hoy el valor del coa infiltrado en la academia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En la semana asistía como lector invitado a un liceo de Cerro Navía donde festinaba en prosa sobre la prolífica camada de hijos que parían las alumnas del colegio Héroes de la Concepción antes de cuarto medio. Todo entre las risas generales de las chicas y la cara de póker de la administración del colegio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El resto del tiempo transcurría como becado en el doctorado en estética de la Universidad de Chile, jugando Mortal Kombat en los desaparecidos juegos Diana de Ahumada, en lecturas poéticas en México, dando clases en la Universidad, alucinando extraviado y desnudo por las calles de Perú o montando el encuentro poético latinoamericano gestado junto a Pablo Paredes y Hector Hernández con la plata de las fotocopias. Un mitín llamado “Poquita Fé” que ya va por su tercera sesión. Hoy su tercer poemario lleva por título “Arquero” y es un redescubrimiento del padre, del hijo y del espíritu impuro que lo obliga a escribir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mientras firma su ejemplar de Arquero, editado por Fuga recuerda lo que han sido estos últimos tres años de creación. “Arquero es un libro que me demoré poco en escribir, pero que me llevó tres años confeccionar, es decir, dar con un lenguaje. Mi sueño siempre fue darle una vuelta a la anti poesía parriana. Creo haberlo conseguido con mi libro y me importa un bledo si no es tan popular como Poemas y antipoemas, cuento con la venia de los dioses”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="FONT-WEIGHT: bold; TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Volando sobre el nido del cuco &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ruiz se dio algunas vueltas por el infierno entre obra y obra. Presa de la locura, curas de sueño y pastillas de colores. Su gracia es ser un poeta maldito clínicamente comprobado. “Mi crisis psiquiátrica puede pasar simplemente como un archivo médico, pero para mí tiene un ribete espiritual muy profundo. Honestamente me siento tranquilo y después de este libro lo que venga será en esa dirección, pues “Arquero” es el resultado de múltiples procesos y tiene por supuesto que ver con mis dos estadías en el psiquiátrico. Allí, en ese paso, pude evidenciar mi propia fortaleza y a la vez vivenciar gran parte de lo que yo considero es la nobleza del poema: que el amor persiste incluso en la locura”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="FONT-WEIGHT: bold; TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-¿Y que piensas de ese lugar común que reúne a la locura y el genio de los malditos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-Posiblemente es Artaud el que ha llevado la dicotomía entre genio y locura a su máximo esplendor. Pero incluso cuando la genialidad ha llegado a apaciguar la demencia, persiste en algunos casos dentro de los que me incluyo -, una comunicación con zonas riesgosas del alma para los que la ciencia aún no haya respuesta. Conversando una vez con un poeta amigo llegamos a la conclusión de que buena parte de la producción de mi generación era una poesía esquizofrénica, literatura para enfermos. Comparto ese planteamiento todavía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="FONT-WEIGHT: bold; TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-¿Esa poesía esquizofrénica es parte del paseo por el purgatorio?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-Creo que cuando tú tocas el fondo, cuando el dolor se manifiesta ya no simplemente a modo de una aflicción puntal y localizada, sino como una energía que traspasa y rodea todo tu ser estás a un paso de profundizar en el misterio de la vida. No en la forma burda en que se ha querido ver ese misterio, como algo bello e ideal, sino con todas sus sombras, con toda la tristeza de ver que tu vida en parte está al borde de un fracaso precisamente porque ese misterio es anterior a tus propias ambiciones y anhelos. Pasar por un hospital psiquiátrico puede ser desolador, pero en mi caso la experiencia más desoladora es la previa indigencia del alma frente al mundo tal y como te lo plantean.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando recuerda ese esos episodios de su vida, reflexiona en torno al rol del manicomio moderno y cómo para algunos ese tipo de indigencia es una suerte de “feliz resignación” en que se admite como manicomio el lugar de trabajo, un mall o el gimnasio. Le preguntamos quiénes cree que son hoy los autores jóvenes inéditos que deberíamos buscar en Facebook y su respuesta es la más pesimista. “A mi parecer no existen hoy en día nuevos valores literarios posteriores al surgimiento de la generación 2000 o novísima. Los poetas inéditos por los que tú preguntas son en realidad bastante mediocres y no se percibe en ellos el aplomo que caracterizó a un Héctor Hernández Montecinos o un Pablo Paredes. Existen excepciones, como Rodrigo Arroyo, pero el resto de la camada más joven ostenta una mediocridad que me hace pensar que el concepto de poeta joven ha llegado a su fin”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="FONT-WEIGHT: bold; TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La venia de los dioses&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En términos poéticos, "Arquero" es un giro a su anterior obra "Cobijo" que asimila el lenguaje coloquial de un modo más franco, pero también menos narrativo, con visos de una épica curiosa y a la vez grandiosa. En palabras de Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura la obra de Ruiz es notable:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:';font-size:100%;"&gt;"Felipe Ruiz es uno de los más notables poetas surgidos en Chile hoy. Como se vio en su libro "Cobijo", su escritura profundamente innovadora, corrosiva, arriegada, hace emerger la contracara pesadillesca de un sueño político social incumplido. Este rasgo, que es un poco lo que tiene en común su extraordinaria generación, me refiero a Héctor Hernández Montecinos, Paula Ilabaca, Diego Ramírez Gajardo y Pablo Paredes, esta presente en su obra de un modo inconfundible que se ubica en las fronteras de lo que hoy se está escribiendo. Junto a los nombrados y a unos pocos de sus inmediatamente mayores, Rubio, Carrasco, Silva, Bello, Felipe Ruiz ocupa un rol protagónico en la más formidable renovación de la poesía chilena de los últimos 20 años". &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:';font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:';font-size:100%;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Artículo aparecido en La Nación (&lt;a href="http://lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20080822/pags/20080822175246.html"&gt;ver ACA&lt;/a&gt;)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-7889226754496993857?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/7889226754496993857/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=7889226754496993857' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/7889226754496993857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/7889226754496993857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/08/carlos-salazar-la-nacin-sbado-23-de.html' title='Carlos Salazar / La Nación / Sábado 23 de Agosto de 2008'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-1175820689026307556</id><published>2008-07-20T14:31:00.000-07:00</published><updated>2008-07-20T14:36:01.632-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='presentación'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Arquero'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Felipe Ruiz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pablo Paredes'/><title type='text'>Pablo Paredes / Presentación de Arquero de Felipe Ruiz / La Chascona / 2008</title><content type='html'>&lt;p class="Estilo4" align="center"&gt;&lt;span class="Estilo6"&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span class="Estilo8"&gt;La fantástica fragilidad de una épica&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo4" align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span class="Estilo8"&gt;Sobre "Arquero" de Felipe Ruiz.&lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;           &lt;p class="Estilo7" align="center"&gt;Por Pablo Paredes M.&lt;/p&gt;           &lt;p align="center"&gt; &lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Para decir corazón Felipe dice Volantín, no por temor, sino por un afán político de querer ver al amor elevándose con hilo curado. En este libro, volantines degeneran en pavas y ñeclas como uno degenera en padre y en hijo. No sé bien si en este texto la perversión es convertir a Valparaíso en Jerusalén o viceversa. Felipe Ruiz engaña acá al poner al mar y al cielo como una misma sustancia contra la tierra. &lt;em&gt;Arquero&lt;/em&gt; reclama dignidad en una compleja operación, digo esto, pues siempre me pareció que reclamar dignidad era un acto con tendencia a lo indigno, sin embargo, acá, en estas páginas de un amigo roto, y probablemente por la fantástica fragilidad de la épica, la paradoja se evita, o digamos mejor, se supera. Cuando la épica es frágil no se niega así misma sino que se pinta de otro color. Los volantines constantes de Arquero se constituyen de distintos tamaños y materiales, no obstante, permanecen cuadrados, volando o si se prefiere cayéndose al mar. Cito: &lt;em&gt;Y prendieron el curado para hacer  arder la pava que / consumió el nylon volando aterrizándolos a todos en sus /  fiestas&lt;/em&gt;. Estos son los derribados por Ruiz, estos son sus interpelados, sus afectados, pero no sus violentados, pues una ternura huracanada parece perdonarlos como si el autor se estuviese viendo, de alguna forma, en esos muchachos de nylon. Cito: &lt;em&gt;Y no tenía por  qué estarse en su quietud cuando / aterrizados se hirieron por verse todos  turgentes y / muriendo&lt;/em&gt;. Es esta pena, este diagnóstico, este cuadro trágico,  el que, de una forma muy distinta a &lt;em&gt;Cobijo&lt;/em&gt;,  posibilita que todos aparezcan como madres e hijos, padres e hijas en el País  hundido de este libro. Cito: &lt;em&gt;Porque de  tanto amarizar esos volantines se hicieron agua / y ya no surgieron desde su  propia cetácea amurallada&lt;/em&gt;. Aquí el diagnóstico opina y convoca, obliga a reclamar un futuro con volantines de venganza rajando, desde abajo, la nata del agua. Arquero hace con agua los que otros, menos sensibles, sólo hacen con fuego. El Cielo de los volantines de Ruiz es un cielo echado sobre Valparaíso, no tanto como un zapato sobre una araña sino más bien como una perra sobre una camada que sabe no será aplastada, sin embrago, Felipe, también sabe, quizás desde su primer libro, que toda maternidad es una humillación y como diría el argentino Martín Rodríguez, que todo feto es una cruz de agua. En Arquero el Volantín Chileno actúa en oposición al Volantín Chino como Valparaíso actúa en oposición a Santiago. Digo oposición, pero bien podría decidir litigio. El poemario cierra explicitando lo que abre y desarrolla el libro, no por redundar sino por insistir en la idea de que un país necesita de bandera. Es cierto, el país tiene el blanco de la cordillera, el azul del cielo y el rojo de la sangre araucana, sin embargo, no tiene la bandera. Es por eso que la poesía debe construir esa bandera o, a estas alturas de la historia, arrebatarla. Hay militancia en Arquero, una militancia profunda, desprendida de la operación POP = PUEBLO. Aquí se busca arrebatar palabras y melodías, ingenua e imbécilmente, cedidas al Enemigo, ese es un movimiento que celebro y agradezco. Arquero se instala en la Resistencia, se afirma de la casillas, realiza pequeñas performance al interior de sus poemas. Tal es su habitar en la Resistencia que finalmente logra, con hilos de semen reflectante, encumbrarse sobre Valparaíso y declararla capital de otra posibilidad de Chile. Finalmente, diré del texto de Ruiz que me ha quedado claro que El Mercurio Miente siempre, menos cuando ha sido convertido en una ñecla cayéndose al Océano Pacífico.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-1175820689026307556?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/1175820689026307556/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=1175820689026307556' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/1175820689026307556'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/1175820689026307556'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/07/pablo-paredes-presentacin-de-arquero-de.html' title='Pablo Paredes / Presentación de Arquero de Felipe Ruiz / La Chascona / 2008'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-2742799790088656490</id><published>2008-07-20T14:29:00.000-07:00</published><updated>2009-07-20T11:56:01.574-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Felipe Moncada'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Andrés Florit'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Músico de la corte'/><title type='text'>Andrés Florit / sobre Músico de la corte / Letras.s5.com / 2008</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: center" align="justify"&gt;La ruleta rusa de Felipe Moncada&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span class="Estilo7"&gt;(“Músico de la corte”, Felipe Moncada, Editorial Fuga, Valparaíso, 2008)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Estilo4"&gt;&lt;/span&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo5" align="justify"&gt;Por Andrés Florit&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, creo que no comulgo con el sin-sentido, a menos que tenga sentido. Los surrealistas lograron habilitar otras vías de conexión con el inconsciente y los que eran poetas lograron estremecernos. Así han venido otros, como Celan o Rosamel del Valle que nos dieron bellos enigmas, autónomos y no referenciales. Cuando la poesía se muestra a partir del sin-sentido, tenemos otro tipo de conexión con el misterio, con lo no-nombrado. Eriza no entender y sin embargo &lt;em&gt;entender&lt;/em&gt;. Pero cuando el sin-sentido es un mero tirar de dados para hacer algo literariamente novedoso o inteligentemente conceptual, es sólo artificio, retórica fácil, texto vacío. &lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Ya lo sé&lt;/em&gt; &lt;em&gt;Dios no es tarado&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;ni compone arrojando dados&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;como charlatán de feria.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es tan difícil escribir sobre los compañeros de ruta, tener que leerlos empañando sus libros con nuestro ánimo de momento. Por eso la crítica me parece siempre relativa y sólo importante cuando construye puentes entre un hipotético lector y la obra en cuestión. Y esos puentes siempre serán distintos, incluso sin son construidos por la misma persona en diferentes momentos. Hoy, domingo brumoso, releo “Músico de la corte”, de Felipe Moncada (1973), y veo en él un divertimento que tiene sentido, y que no es un invento para agradar a la corte que quizás somos nosotros mismos. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En tono de opereta y bellamente ilustrado con dibujos de Pablo Valdés, este libro construye sentido a partir del juego y del ritmo, de imágenes excéntricas y un oído definitivamente contemporáneo, que no se deshace completamente de la racionalidad y se permite intelectualizar sus intuiciones, inscribiendo su obra en el ahora del arte contemporáneo. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, el sin-sentido, en Moncada, no es un dictado automático del inconsciente. Aquí hay intención y dados cargados. Una amalgama de tradiciones diversas, bien asimiladas y desacralizadas, que en Chile podríamos vincular a la obra temprana de Huidobro o a la coloquialidad de Parra, pasando por Lihn y Teillier, con Li Po entre medio y una informada cultura musical. De todos modos, no es una colección que se aleje completamente de lo discursivo, sin que eso sea un reproche. Quiero decir: esto no es música de supermercado, despolitizada, seudo-estetizante y aséptica como la que escuchamos en el Paseo Huérfanos o leemos en otros poetas “de avanzada”. Quizás este verso sea un buen botón de muestra: “&lt;em&gt;Mi destino es un aro de luz /y no una estrella en la camisa&lt;/em&gt;”. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero es eso y más y menos. Moncada me parece interesante porque se conecta con una cotidianidad trascendente y a la vez &lt;em&gt;situada&lt;/em&gt;, que pese a desacralizar no olvida que pertenecemos a un todo misterioso, a una verdad que nos desborda, que es sugerida sin gravedad. No se queda en el gesto metapoético anti-metafísico. Hay una vida poética interior que bulle y se nos presenta, a veces balbuceante, a veces lúdica, con un humor que se conecta sutilmente con lo trágico: &lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Solamente me entrego (dijo) &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;si demuestras la existencia del silencio &lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;elegí un cementerio en la costa&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;y puse un par de nubes en la pecera &lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;varios días sin comer me dieron la pista: &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;debía caminar en espirales &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;respirando lo mínimo posible &lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;entonces la nube comenzó a vibrar &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;penetrando cada milímetro de pasto &lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;y se logró el silencio por vez primera &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;cosa que luego se volvió rutina. &lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;El sanfelipeño Moncada está construyendo un tono bastante personal y digno de la mayor atención. Quiere escuchar “los engranajes del aire” y que oigamos “el vacío del mundo”, mientras nos sugiere que “toda melodía es una conjetura”.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al citarlo, me doy cuenta lo inútil de glosarlo. Así que dejo este “oficio de tinieblas” y le cedo el final acorde: “no estoy para fantasías mecánicas /así que vuelve mi sombra a su bajo perfil // olvida mi poesía de ruleta rusa". &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-2742799790088656490?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/2742799790088656490/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=2742799790088656490' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/2742799790088656490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/2742799790088656490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/07/andrs-florit-sobre-msico-de-la-corte.html' title='Andrés Florit / sobre Músico de la corte / Letras.s5.com / 2008'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-3117493724471261489</id><published>2008-07-20T14:26:00.000-07:00</published><updated>2008-07-20T14:49:24.445-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Felipe Moncada'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Felipe Ruiz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Músico de la corte'/><title type='text'>Felipe Ruiz / sobre Músico de la corte / Letras.s5.com / 2008</title><content type='html'>&lt;p style="font-weight: bold;" class="Estilo5" align="center"&gt;Al son del poema&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo5" align="center"&gt;Músico de la Corte, de Felipe Moncada &lt;/p&gt;           &lt;p class="Estilo6" align="center"&gt;Por Felipe Ruiz&lt;/p&gt;           &lt;p align="center"&gt; &lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Han pasado algunos años, pero  recuerdo bien los versos con que abre el último poema de la antología &lt;em&gt;Cantares:  “&lt;/em&gt;Heme aquí con las manos acalambradas, llenas de articulaciones/ rotas; he aquí un silencio en medio de fusas y corcheas, sin/ sentidos vivos, recitando versos de dolor temprano”. El poema pertenece al joven poeta Eduardo Fuentes y si es poeta, aún, no lo sé con certeza. Aunque desde luego los versos son infinitos y con éstos, sólo bastan para denominarse poeta para el resto de su vida. Me vienen a la cabeza, digo, por una sencilla razón: ahora que en nuestros pubs hay música, ahora que en los autos hay música, ahora que en los supermercados, en los consultorios, en las comidas rápidas, en los malls; ahora que con mayor frecuencia vemos a jóvenes y adultos con audífonos, ahora que los celulares tocan música, ahora que se puede descargar cientos de discos de Internet, ahora que se puede portar música en aparatos minúsculos, y que por otra parte se practica, incipientemente en Chile, una “filosofía de la música”, el alcance, la hondedad, de la belleza del arte musical nos toca a fondo, nos mantiene alertas; porque quizás esa belleza encierra un horror macabro, o porque de todas las artes la música es la más versátil, la que genera más adhesión popular.&lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Con todo, lo que encierra un poema  como &lt;em&gt;Músico de la Corte&lt;/em&gt;, de Felipe Moncada, debe ser leído bajo esa doble factura de belleza/horror, alegría/tedio que la música, sea en sus versiones más “cortesanas” o “populares”, encierra. No estamos posiblemente en condiciones de situar este poema en un tono al que acostumbramos a parcelar a las obras de la capital: su profunda extrañeza, la situación de desarraigo frente a lo urbano es patente. Pero sin ir muy lejos, esa misa extrañeza logra que el poeta Moncada se sitúe en la forma de un observador atento y a la vez alucinado con la forma y el registro:&lt;/p&gt;           &lt;blockquote&gt;             &lt;blockquote&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Cruzamos un páramo de poliedros:&lt;/p&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Por cada sauce chino&lt;br /&gt;             Cuatro poetas envejecen al azar&lt;/p&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Una vertiente silba en honor de las  violetas muertas&lt;/p&gt;             &lt;/blockquote&gt;           &lt;/blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Dice en &lt;em&gt;Antes que Floten los  peces. &lt;/em&gt;Los juegos de lenguaje y el &lt;em&gt;non sense &lt;/em&gt;es recurrente en la poesía de Moncada, y aunque no siempre sea un resultado bien logrado – puede, en algún lector, sonar demasiado recurrente el sin sentido -, alcanza en algunos pasajes una soltura de tan alto vuelo que provoca cierta desesperación, cierta angustia ante un mapa trazado para la simpatía del lector, pero también para su desazón:&lt;/p&gt;           &lt;blockquote&gt;             &lt;blockquote&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Entré a su cama de niebla&lt;br /&gt;             Con la velocidad que los timbales&lt;br /&gt;             Logran retroceder la primavera&lt;br /&gt;             Los besos de ella se adherían&lt;br /&gt;             Con la insistencia de la llovizna&lt;br /&gt;             Y   la furia de las palomas&lt;/p&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Corrí muerto de miedo hacia el final  de la pieza&lt;br /&gt;             Cuando la vibración de los platillos&lt;br /&gt;             Hizo chocar mi boca contra los muros&lt;/p&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Entonces fui el ciruelo lleno de  polen&lt;br /&gt;             Novio de las mañanas que florecerán  al revés&lt;/p&gt;             &lt;/blockquote&gt;           &lt;/blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Es de &lt;em&gt;Corrí Muerto de Miedo. &lt;/em&gt;Y es esa extrañeza de los versos, algunos simples curiosidades, pero otros (como el último), frutos de una misteriosa cavilación, que se va tejiendo &lt;em&gt;Músico de  la Corte&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;           &lt;blockquote&gt;             &lt;blockquote&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Novio de las mañanas que florecerán  al revés&lt;/p&gt;             &lt;/blockquote&gt;           &lt;/blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;¿Cómo es que florecen al revés? Se  indica aquí la belleza de este momento en que el tiempo, &lt;em&gt;nivelado&lt;/em&gt;, se convierte en tiempo inverso. Pero esa relegación del tiempo es, en el lugar que ocupa nuestra cultura el cálculo y el computo, simplemente un sueño, una fantasía. Aún así, el tema de ese tiempo involutivo, es nominado en futuro: “florecerán”. No se nombra así el tiempo que florece como las estaciones, sino el tiempo que las mañanas (ellas) al revés, florecen. &lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;La  relación a este fin que adelanta a todo comienzo indica la &lt;em&gt;nivelación &lt;/em&gt;del tiempo ordinario a la que este poema nombra. Allí no se nombra el futuro como progresión sucesiva de presentes. Se nombra más bien, el futuro que, adelantando a todo final, está &lt;em&gt;destinado &lt;/em&gt;ya al fin. Nombra, por tanto, ese lugar donde desde  luego ya nos encontramos.&lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;De ese  espaciamiento que nombra, designa, el poeta nombra &lt;em&gt;el espanto. &lt;/em&gt;Y lo hace  diciendo&lt;/p&gt;           &lt;blockquote&gt;             &lt;blockquote&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Corrí muerto de miedo hacia el final  de la pieza&lt;/p&gt;             &lt;/blockquote&gt;           &lt;/blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Ese “final” de la pieza designa el cruce del poeta desde esa noche hacia la alborada que está al final de la pieza. La pieza, como situación de espacio y habilitación, designa lo recíproco del devenir tiempo. Curioso, correr hasta el final de la pieza, como si la pieza pudiera ser tan espaciosa para permitirse correr dentro de ella. Así se designa nombra, desde luego, el espaciamiento del habitar del mundo que, no por casualidad, el poeta designa como música. La esencia de la música determina el sentido que adquiere el poema como &lt;em&gt;imagen – tiempo. &lt;/em&gt;Desde esa apertura, el poeta dice&lt;/p&gt;           &lt;blockquote&gt;             &lt;blockquote&gt;               &lt;p align="justify"&gt;Cuando la vibración de los platillos&lt;br /&gt;             Hizo chocar mi boca contra los muros&lt;/p&gt;             &lt;/blockquote&gt;           &lt;/blockquote&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Lo que se escucha es designado como  designación que, al &lt;em&gt;tempo &lt;/em&gt;de correr al fin del muro, implica un giro  cuya &lt;em&gt;vibración &lt;/em&gt;es dolor. La vibración designa así, en este poema, lo &lt;em&gt;vibrátil &lt;/em&gt;del dolor, que en la música resurge como remembranza del tiempo en que sí  se podía correr por la habitación.&lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;Un poemario de alto vuelo, y de implicancias líricas hermosas, Moncada nos mueve en la inquietud de la música, de lastre. Pero poesía hay aquí y en eso no se descarta que sea posible esperar gruesos hallazgos en el futuro de este joven poeta.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-3117493724471261489?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/3117493724471261489/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=3117493724471261489' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/3117493724471261489'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/3117493724471261489'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/07/felipe-ruiz-sobre-msico-de-la-corte.html' title='Felipe Ruiz / sobre Músico de la corte / Letras.s5.com / 2008'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-6529024334273875370</id><published>2008-07-20T14:22:00.000-07:00</published><updated>2008-07-20T14:23:58.730-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Carlos Henrickson'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chilean Poetry'/><title type='text'>Carlos Henrickson / sobre Chilean Poetry / Lanzallamas / 2008</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 16pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Sobre &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt;, de Rodrigo Arroyo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 16pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Carlos Henrickson&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if gte vml 1]&gt;&lt;v:shapetype id="_x0000_t75" coordsize="21600,21600" spt="75" preferrelative="t" path="m@4@5l@4@11@9@11@9@5xe" filled="f" stroked="f"&gt;  &lt;v:stroke joinstyle="miter"&gt;  &lt;v:formulas&gt;   &lt;v:f eqn="if lineDrawn pixelLineWidth 0"&gt;   &lt;v:f eqn="sum @0 1 0"&gt;   &lt;v:f eqn="sum 0 0 @1"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @2 1 2"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @3 21600 pixelWidth"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @3 21600 pixelHeight"&gt;   &lt;v:f eqn="sum @0 0 1"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @6 1 2"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @7 21600 pixelWidth"&gt;   &lt;v:f eqn="sum @8 21600 0"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @7 21600 pixelHeight"&gt;   &lt;v:f eqn="sum @10 21600 0"&gt;  &lt;/v:formulas&gt;  &lt;v:path extrusionok="f" gradientshapeok="t" connecttype="rect"&gt;  &lt;o:lock ext="edit" aspectratio="t"&gt; &lt;/v:shapetype&gt;&lt;v:shape id="_x0000_s1026" type="#_x0000_t75" style="'position:absolute;"&gt;  &lt;v:imagedata src="file:///C:\DOCUME~1\USUARI~1.COM\CONFIG~1\Temp\msohtml1\01\clip_image001.gif" title="ra230308"&gt;  &lt;w:wrap type="square"&gt; &lt;/v:shape&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !vml]--&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;La obsesión política recorre como un fantasma la nueva poesía chilena. No es sencillamente que autores de mayor trayectoria –como Bruno Vidal o José Ángel Cuevas- hayan puesto el tema de la dictadura militar y sus restos simbólicos en el Chile de hoy, sino también quizás algo que bien pareciera misterioso: es que a las generaciones cuyas primeras impresiones éticas y estéticas se crearon bajo la violencia (económica, física, comunicacional, ambiental: absoluta) de esas épocas miserables, llegó el debido momento en que corresponde el esperado y necesario trabajo de superar activamente un duelo –del que bien podrían haberse hecho cargo otros si Chile no se hubiera convertido en el abismo de cobardía semifascista que le dejó a los hijos el limpiar la basura de los padres. Acorraladas por una permanentemente reactualizada escena de violencia irracional, con una profunda erosión de la noción de persona en el plano de la escritura y una fuerte desconfianza hacia la literatura en su dimensión de más sencilla comunicación, estas generaciones cargan con un confuso &lt;i&gt;pathos&lt;/i&gt; de marginalidad, de cuya constante expresión –a veces excesiva y altisonante, otras casi traumáticamente calculada-, bien se podrían sacar más lecciones que la sencilla mirada de desprecio y el permanente malentendido entre escritores “serios” y los “no serios”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;En algún sentido, David Bustos, en &lt;i&gt;Ejercicios de Enlace&lt;/i&gt;, pareció dar la nota más extrema de obsesión política que pudiéramos haber esperado en el último par de años, tras el trabajo de, entre otros, Roberto Contreras (&lt;i&gt;Siberia&lt;/i&gt;), Jaime Pinos (&lt;i&gt;Criminal&lt;/i&gt;) o Carlos Soto Román (&lt;i&gt;Haikú minero&lt;/i&gt;). Sin embargo, probablemente habría que notar especialmente a &lt;i&gt;Chilean Poetry &lt;/i&gt;(Ed. Fuga, Valparaíso, 2008), y esto precisamente porque Rodrigo Arroyo (Curicó, 1981) hace un ejercicio en que, aunque incurra en varias &lt;i&gt;demasías &lt;/i&gt;–de las que ya hablaremos-, ejerce un gesto poético mucho más delicado. Delicado tanto por la decidida situación de su escritura, así como por la fuerte performática que ésta desea establecer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;La situación de la escritura de Arroyo da, precisamente, una clave central para entender la vertiginosa densidad de &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt;. El reiterado recurso a la reflexión metapoética y a un refinamiento de sentido que no excluye la ironía, no deja velar el punto de partida de la percepción poética: una constante reescenificación de un momento experiencial complejo y traumático de infancia, que da cuenta de una completa generación. Éste es la condición de la infancia “protegida” y guardada en casa -como el minotauro en su laberinto artificial, &lt;i&gt;técnico&lt;/i&gt;-, mientras afuera el enigma de la violencia y la barbarie desuelan el sentido mismo de la realidad. La conciencia ascendente con los años sobre el carácter y determinantes de esa violencia, opera invadiendo la construcción, haciendo que las fronteras entre esos dos mundos –la misma arquitectura de una posible vivienda- terminen siendo amenazadas en su misma existencia. Esta crisis extrema de comprensión del mundo, entonces, se inscribe como trauma, y su mecanismo será análogo al de la ruina del tiempo o la destrucción de la guerra. Arroyo no duda en dar un paso radical, entonces: la escena existencial generacional primaria (la familia que &lt;i&gt;en la parte exterior del laberinto oye los disparos&lt;/i&gt;) pasa a verse aplicada a los planos psicológicos, ideológicos y procedimentales del texto, que se asume performáticamente reactualizando la vivencia pasada como trauma, un objeto muerto que deviene más real que la misma existencia, por lo que no cesa de aplicar su acción sobre todo el extenso mundo literario planteado en &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt;. El sello del laberinto es, así, gravemente marcado como única expresión posible tras el final de &lt;st1:personname productid="la Era" st="on"&gt;la  Era&lt;/st1:personname&gt; del Sentido, en la extrema necesidad de &lt;i&gt;dar cuenta&lt;/i&gt; señalada desde ya por Juan Luis Martínez desde el epígrafe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;El riesgoso trabajo sobre &lt;i&gt;demasías&lt;/i&gt;, eso sí, no cesa de dejar una fuerte marca en el trabajo de Arroyo. Su importantísimo y difícil logro programático no se logra a través de la sequedad del cronista: se aprecia claramente que su sorprendente trayectoria en las Artes Visuales ha generado hábitos que son insólitos en los escritores puramente centrados en el trabajo literario. Es así como una serie de imágenes recurrentes, que funcionan a través del libro como leitmotifs, genera una suerte de estética decidida en causar una &lt;i&gt;centrifugación&lt;/i&gt; del sentido, en que ni siquiera faltan ejercicios del más puro barroco –tópico que también se toca en sentido expreso en el libro, en una suerte de constante autocrítica sobre la posibilidad de una referencialidad válida. El hablante se recoge en la literatura y desde la literatura, como en el trauma del “resguardo” del sentido en medio de la barbarie, y la tensión entre el &lt;i&gt;dar cuenta&lt;/i&gt; y la imposibilidad expresa de ello, -entre la tozudez del significar y la angustia del caos- resulta en 119 páginas de una insólita densidad que obligan a considerar como parte del programa de Arroyo la inducción de una molesta impaciencia al lector: un riesgo que cierra naturalmente este libro para los públicos más amplios, asumiendo como desafío el encuentro sin complejos con un lector entrenado en los extremos de la &lt;i&gt;sorpresa estética&lt;/i&gt;. Parte de esta exposición al riesgo, se da asimismo en la elección del inglés como el idioma de prácticamente todos los títulos del libro, en un gesto de ironía que es, en mi opinión, de una difícil y excesiva oblicuidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, estos excesos son plenamente entendibles desde el instante en que se accede a una de las fortalezas de la poética de Arroyo: su capacidad de poner en conflicto la relación entre el mundo de la creación (asumido reiteradamente como un interior) y el de una posible (imaginada) &lt;i&gt;naturaleza &lt;/i&gt;(&lt;i&gt;exterior&lt;/i&gt;). Esta tensión –claro reflejo de la escena generacional primordial a la que me refería antes- no dejará de ejercer cierta atracción destructiva a las posibilidades de creación de sentido, haciendo que o bien el &lt;i&gt;abismo&lt;/i&gt; interior (marcado por la oscuridad, la sombra: &lt;i&gt;vanitas&lt;/i&gt;) o bien el abismo exterior (hostil, sin ley, marcado por los disparos y la ruina: barbarie) –ambas formas de &lt;i&gt;laberintos&lt;/i&gt;, ambas plenas de figuras naturales desplazadas, abstraídas y cosificadas- terminará absorbiendo hacia la nada la posibilidad de construcción de obra. En este sentido, un obvio &lt;i&gt;buen funcionamiento&lt;/i&gt; de una obra como &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt;, sería un desafío a sí misma como máquina que sólo a contrapelo puede dar cuenta de la poesía como fracaso. El programa del libro exige asumir el devenir histórico como un error y toda perspectiva histórica como falacia, lo que hace de un programa escritural la negación de sí mismo. ¿&lt;i&gt;haremos una búsqueda estética o sólo de cadáveres?&lt;/i&gt;, llega a preguntarse, apuntando certeramente a plantear una duda con respecto a la posibilidad de construcción de estética que, sabiamente, no es resuelta en lo absoluto en el largo conjunto de textos que compone el libro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Chilean Poetry&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt; llega, creo, a convertirse en uno más de los libros axiales en el actual empeño generacional de búsqueda de un nuevo ethos literario. La extrema conciencia generacional de libros como &lt;i&gt;Ejercicios de Enlace&lt;/i&gt;, de David Bustos, &lt;i&gt;Siberia&lt;/i&gt;, de Roberto Contreras, o &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt;, no dejan de apuntar a uno de esos misteriosos momentos en que la literatura empieza a dejarse imponer misiones de re-situación histórica, planteando en la débil trama del oficio hechos tan grandes e inefables que no caben en la “conciencia histórica”, cada vez más degradada por los sistemas de distribución y manipulación de la comunicación social. La perspectiva de una futura inquietud sociológica sobre épocas como la nuestra -de intensa mutación cultural y social-, podrá decir cosas que nuestra actual visión literaria contemporánea sencillamente no puede. Lo que nos obliga a leer, ahora, con más atención que nunca, y asumir que el rol de la literatura en los grandes diálogos sobre los problemas humanos está lejos de haberse clausurado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;texto aparecido en : www.lanzallamas.com&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-6529024334273875370?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/6529024334273875370/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=6529024334273875370' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/6529024334273875370'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/6529024334273875370'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/07/carlos-henrickson-sobre-chilean-poetry.html' title='Carlos Henrickson / sobre Chilean Poetry / Lanzallamas / 2008'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-7294095164941281080</id><published>2008-07-20T14:18:00.001-07:00</published><updated>2008-07-20T14:20:30.049-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='presentación'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chilean Poetry'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge Polanco'/><title type='text'>Presentación de Chilena Poetry / Jorge Polanco / La Chascona 2008</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;" lang="ES-TRAD"&gt;Presentación Chilean Poetry, Rodrigo Arroyo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;Jorge Polanco Salinas, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;La chascona, 9 de mayo de 2008&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;                  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;En el libro de un poeta amigo se define la escritura melancólica como un ejercicio de la desesperación. Esa actitud se condice con la mirada gris que ha tomado cierta parte de la poesía contemporánea, sobre todo después de &lt;st1:personname productid="la Segunda Guerra" st="on"&gt;la Segunda Guerra&lt;/st1:personname&gt; Mundial y la crisis de la representación. Una tradición que pone en cuestión el lenguaje y la poesía se ha afianzado, teniendo como dato duro la historia de las sucesivas catástrofes, de la que Chile no queda fuera y su poesía tampoco. A esta escritura de la desesperación pertenece sin duda &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt; de Rodrigo Arroyo.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;Ya desde el título en inglés, emulando el segundo libro de Juan Luis Martínez, el poemario muestra una ironía y mordacidad interesante respecto de la tradición poética chilena. La violencia del inglés con que parte el libro entrega indicios de las metáforas de la violencia, plasmada en las alusiones recurrentes a fusiles y armas que acentúan los textos. La ironía emerge en su primer estrato con el &lt;i&gt;consumo&lt;/i&gt; del inglés en nuestro país –patentizando la instauración del modelo norteamericano- como también de las implicancias que supuestamente conlleva la tradición poética chilena, casi como una señal de sarcasmo al borde del cansancio de la literatura, y quizás también del mundo social lumpenizado que configura. Tal como en otros ámbitos de la sociedad chilena actual.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;       &lt;/span&gt;Pero no queda allí.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;       &lt;/span&gt;Rodrigo Arroyo hace eco de una tradición escéptica que se ha configurado en Valparaíso, una mirada desconfiada y opaca acerca del estatuto del poeta. Siguiendo derroteros que atraviesan igualmente a escritores como Rubén Jacob, Ennio Moltedo, Carolina Lorca, Luis Andrés Figueroa, Ismael Gavilán, Ximena Rivera, entre muchos otros hasta el día de hoy&lt;a style="" href="post-edit.g?blogID=6464504281396511264&amp;amp;postID=3242815799198826844#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;" lang="ES-TRAD"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, el poeta no puede dejar de establecer una labor que se cuestiona a sí misma, una actitud natural del propio creador a romper con la iconoclasia del autor. Tal vez preexista una filiación en el puerto a la anarquía, que se ha arraigado de manera inconsciente a sus escritores. Vitalmente, varios poetas de Valparaíso han rehuido sistemáticamente la escenificación con el fin de privilegiar la obra. El ejemplo eximio y desesperado en términos de gesto escritural es el de Juan Luis Martínez, quien elabora una poética de la tacha del nombre y del paréntesis, volviéndose reticente –como otros poetas de Valparaíso- al ámbito público.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;Tal vez exista en ello un dejo melancólico frente al tiempo requerido por la obra, pero a la vez una sanidad escritural que contrasta, a pesar de la cercanía, con el facilismo mediático de Santiago (aunque es necesario recordar que la poesía chilena ha tenido como principales exponentes creadores que provienen de la provincia, salvo unos cuantos nombres que podrían ser contados con los dedos de las manos).&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;              &lt;/span&gt;Juan Luis Martínez constituye, en este caso, el referente primordial de la poesía de Rodrigo Arroyo&lt;a style="" href="post-edit.g?blogID=6464504281396511264&amp;amp;postID=3242815799198826844#_ftn2" name="_ftnref2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;" lang="ES-TRAD"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. No sólo en el gesto escéptico antes descrito (trasuntado en la habitual actitud crítica de Rodrigo), sino también en la relación que establece con las artes visuales. Este ámbito es fundamental, aun cuando Rodrigo no introduce como hilo articulador la poesía visual. Afirmado como tabla de naufrago a la palabra persiste en no abandonarla,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;conjugando sus linderos en la página al punto de eliminar incluso la numeración. Fenómeno interesante de observar si consideramos que este poeta se ha formado en las artes visuales. A pesar de que la plástica constituye uno de sus referentes innegables, no atraviesa la barrera de la palabra introduciendo imágenes iconográficas. Así la poesía de Rodrigo alberga de soslayo un agotamiento y una desconfianza ante el uso irreflexivo de tales procedimientos; aquello se explica, por ejemplo, en el mismo libro a través de versos como los siguientes: “¿cómo dirías tu imagen sin palabras? ¿Cuándo callaremos?”&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;           &lt;/span&gt;Ciertamente, la preocupación por la edición cuidada del objeto libro proviene también de las artes visuales y la escritura de Martínez. La portada blanca, sin representación iconográfica, salvo el diseño ad-hoc del logo editorial, induce a pensar que Rodrigo intenta marcar una diferencia respecto a la ilustración de la palabra. Los mismos versos citados más arriba muestran dicha desconfianza. Además la portada que introduce el sello “editorial fuga” contiene una coincidencia graciosa con la poética laberíntica y enclaustrada del libro, que no se les debe haber escapado al poeta ni a los editores cuando diseñaron la figura del laberinto. Por otro lado, introduciéndonos al interior del texto, la sección intermedia de roneo y la tipografía antigua que rememora décadas pasadas, señalan al parecer una alusión material y al mismo tiempo precaria en la que se establece la palabra. Da la impresión que esta sección constituye –como el título de esta parte indica- una clase de enmudecimiento que remite a la dictadura, casi como un homenaje a las generaciones anteriores como también una advertencia de la continuidad política marcada por la derrota del proyecto histórico. De allí se desprende un gesto desesperado y crítico de la época actual,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;además de la evidencia precaria que se impone a la obra artística cuando se pone en relación con el tiempo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;    &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;En esta misma sección, casi al terminar, se encuentra una hoja doblada en cuatro partes que, en su primera pretensión, Rodrigo quería que fuese doblada a mano. No sé si habrá sido hecho así. Lo importante es que esta hoja marcada a mano intentaría de algún modo introducir la firma concreta del autor. En este sentido, existe una relación interesante entre &lt;st1:personname productid="La Nueva Novela" st="on"&gt;&lt;i&gt;La Nueva Novela&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt; y &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt;, puesto que en este último se pretende que la firma se halle dentro del libro, continuando la reflexión acerca de la inscripción del nombre, pero llevada ahora a la manufactura. Firma y mano aparecen efectivamente vinculadas, concretizando con este gesto la afirmación de Celan de que solo manos verdaderas escriben poemas verdaderos (Téngase en cuenta que Rodrigo es un asiduo lector de Celan, lo pude comprobar personalmente cuando quiso robarme mi edición de las obras completas).&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;   &lt;/span&gt;Este vínculo entre Celan, Martínez y &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt; de Arroyo se muestra desde ya con el epígrafe del comienzo: “Hubo que decir algo, siempre hubo que decir algo/ hubo que decir que hubo un escrito sobre la mente y luego/ hubo que decir”. La reiteración del enmudecimiento merodea la poética de estos escritores, y atraviesa el libro de Rodrigo a partir de la derrota estética, histórica y poética que articula los textos. Para muestra un fragmento:&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;    &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;Esta especie de mutismo no podemos ilustrarlo con una &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;Tachadura, porque de una u otra forma es un duelo que nos &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Corresponde (...) No es solo pensar lo que no hicimos. Por qué&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;no estuvimos con el realismo socialista, por qué tan rápido&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;se nos cayó el puño (...)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;El silencio nos golpea el rostro. Tantas son las metáforas (...)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;La ciudad inundada de signos, estética de tiempos difusos, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;de tiempos en silencio (...)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Asimismo, saber huir a tiempo es propio de una especie de&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;mutismo que traemos adherido;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;como esconderse, y mover los hilos que las luces trazan&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 27pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;sobre las palabras. No decir, encallar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;      &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;        &lt;/span&gt;En esta encrucijada de la historia, que parece más bien un callejón sin salida, el libro propina la sensación de un agotamiento, una devastación que afecta igualmente al lenguaje. De ahí que los poemas parezcan inconclusos, marcados por una continuidad disgregada que insiste en el desborde de sí mismos, dejando a menudo al final un verso, un fragmento o una palabra solitaria. Porque pareciera que con esta estructura el poeta no desea establecer una conclusión o una síntesis, sino un puñetazo que abre la interrogación frente a la imposibilidad de salir de la encrucijada. Aquí creo leer en el laberinto de &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt;, no un rasgo metafísico del sentido del hombre al modo de la mitología griega o los cuentos de Borges, por citar dos casos ejemplares, sino un laberinto creado por la historia efectiva de Chile y su poesía. Cito: “la lluvia es solo eso un cuerpo perecible que no encuentra solución en la poesía chilena”; “algún día prohibirán acordarse de babel/ será negado que la muerte se hizo estética / durante un tiempo, un país”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Quizás por ello se reiteren metáforas de la violencia, imágenes de guerra, fusiles y pertrechos militares. Pues persiste en el libro la sensación de un toque de queda, un efecto similar al que ocurre en &lt;i&gt;La ciudad&lt;/i&gt; de Gonzalo Millán, pero acentuado por la derrota&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;decantada después de la asfixia dictatorial. Tal vez una especie de desazón postraumática. Las reiteraciones a las que recurre el libro provocan este clima de embotamiento, lograda por medio de las imágenes a las que regresa y que al final, en la sección de las correcciones de los poemas, son recreadas como una coda que prolonga la devastación. A partir de dichas reiteraciones vuelven continuamente palabras como “fusil”, “silencio”, “bombas”, “laberinto”, “balas”, entre otras, que crean una desesperación proporcionada por la historia. Esta angustia epocal, en la que pareciera no haber salida, genera las sucesivas y extrañas imágenes poéticas de Rodrigo, configurando una poética gris y desesperanzada que no se vanagloria ni contenta con la actualidad de nuestro país. Quizás por ello no puede dejar de resonar en &lt;i&gt;Chilean Poetry&lt;/i&gt; una cierta desazón similar a la que se ven sometidas las nuevas generaciones al final de &lt;i&gt;El rey Lear&lt;/i&gt;, cuando Edgar –el nuevo soberano- cierra su parlamento afirmando de manera angustiosa: “debemos inclinarnos ante el peso / de estos tiempos sombríos. Decir lo que sentimos / no lo que se supone que debemos decir. / quienes sufrieron más fueron los viejos / nosotros que somos jóvenes&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;/ no viviremos ni veremos tanto”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/div&gt;&lt;hr style="height: 4px; font-size: 78%; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" width="33%"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;" id="ftn1"&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;a style="" href="post-edit.g?blogID=6464504281396511264&amp;amp;postID=3242815799198826844#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Garamond; font-size: 130%;"&gt; Resulta interesante observar cómo en el último periodo la poesía de Valparaíso ha configurado un campo reconocido, a través de varias iniciativas poéticas que se pueden atisbar, por ejemplo, en las sendas antologías elaboradas por investigaciones serias, mostrando la escritura que se está haciendo actualmente. A ello se suma revistas como &lt;i&gt;Antítesis&lt;/i&gt; donde publican varios poetas jóvenes, sin remitirse solamente a la edición de sus poemas. En este sentido se cumple lo dicho por Álvaro Bisama respecto a la densidad y la configuración de la escena literaria actual, que en el último periodo se ha afianzado con la publicación de textos sumamente interesantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;    &lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;a style="" href="post-edit.g?blogID=6464504281396511264&amp;amp;postID=3242815799198826844#_ftnref2" name="_ftn2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt; A diferencia de lo que han afirmado algunos críticos de periódico, Juan Luis Martínez no sólo constituye un referente de las nuevas generaciones de Valparaíso, sino también un referente nacional. Creo que las preguntas que caben a partir de su escritura de la clausura, consisten en: ¿cómo escribir en este mundo arrasado por la imagen? ¿Cómo la palabra poética puede seguir diciendo luego del predominio de la sobre-exposición iconográfica?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-7294095164941281080?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/7294095164941281080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=7294095164941281080' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/7294095164941281080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/7294095164941281080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/07/presentacin-de-chilena-poetry-jorge.html' title='Presentación de Chilena Poetry / Jorge Polanco / La Chascona 2008'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-2420091412252865871</id><published>2008-07-20T14:09:00.000-07:00</published><updated>2008-07-20T14:18:33.276-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rodrigo Arroyo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Luis Riffo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chilean Poetry'/><title type='text'>Luis Riffo / Mercurio de Valparaíso, 2008.</title><content type='html'>&lt;p style="font-weight: bold; text-align: justify;" class="TITULAR"&gt;Chilean Poetry &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;!--/TITULAR--&gt;&lt;!--TEXTbajada--&gt;&lt;!--/TEXTbajada--&gt;        &lt;!--TEXTarticulo--&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="font-weight: bold; text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Rodrigo Arroyo Castro, Editorial Fuga, Valparaíso, 2008&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Por Luis Riffo&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;No es casual que el epígrafe que abre este poemario sea una cita de Juan Luis Martínez: “Hubo que decir algo, siempre hubo que decir algo, / hubo que decir que hubo un escrito sobre la mente y luego / hubo que decir”. Sobre la posibilidad de las palabras de ejercer la función de decir algo es de lo que se trata este libro del joven poeta Rodrigo Arroyo. Y lo hace acudiendo a uno de los recursos del poeta viñamarino, aquel de crear un espacio de perplejidad entre el título y el texto, como en este caso se produce con las palabras en inglés de la portada y las que encabezan las cuatro secciones que componen el libro, cuya opción idiomática no tiene una correspondencia legible con el cuerpo textual, salvo la reiteración de la expresión “again” en varios de los poemas. Lo que en primera instancia me parecía un recurso irónico que operaba como gesto crítico orientado a poner en tela de juicio el contenido del concepto “poesía chilena”, termina desvaneciéndose ante la ausencia de resonancia en el resto del texto (lo que la academia denomina relaciones intratextuales o isotopías).&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;El verdadero hilo conductor de este libro es la serie de metáforas sobre la escritura, de los cuales la principal es el laberinto (en la sección “from de labyrinth”), en cuyo espacio figurado el hablante sitúa al sujeto (singular y plural) y a las palabras de las cuales quiere valerse para encontrar una salida al intrincado problema que se formula de diversos modos: “No es posible decir todo lo que se quisiera”, “¿Cómo se recibe una palabra?”, por ejemplo. El laberinto como espacio de confusión, como camino incierto en que los pasos dados (las palabras dichas) no garantizan salvarse del extravío (del silencio). Es frecuente la alusión al caballo de Troya y al legendario héroe Guillermo Tell (que debía apuntar su flecha a la manzana sobre la cabeza de su hijo), en las que parecen cifrarse, respectivamente, las nociones que permiten entender a la palabra como trampa, emboscada, y la necesidad de una precisión en la que se juega la vida. El poeta plantea aquí una tensión entre la simulación que implica la construcción de la realidad mediante el lenguaje y el deseo –acaso inútil– de que las palabras acierten en su función de nombrar el mundo: “Trastabillamos frente a ocasos espectaculares por no saber decir”.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;La sección “a kind of muteness” está impresa sobre un papel y con tipografía diferentes. Papel roneo y caracteres de máquina escribir sirven al propósito de recrear la forma de impresión de una época que no se menciona explícitamente, pero se sugiere: la escritura clandestina durante la dictadura. La diferencia no es sólo material. En estos poemas, en esta “especie de silencio”, Arroyo logra una expresividad, un ritmo y una precisión que el resto del volumen parece diluir en sus sobrecargados versos. La contención de las imágenes sirve para que las palabras rebelen más de lo que dicen, sobre todo en relación a la deuda que la poesía chilena y la memoria colectiva tienen con el pasado histórico reciente y con los conflictos actuales:&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Hemos callado tantas veces para llegar a este final:&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Ciudades desvencijadas, hipertextos, efectos especiales.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Sangre cayendo a raudales por la boca.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Luego de caer aún nos queda cielo, &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;y un coágulo atravesado en la garganta.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Hay en este libro una búsqueda lúcida en torno a las posibilidades y limitaciones de las palabras. Y lo que ha encontrado es ese intersticio que permite ver a través del lenguaje poético lo que las palabras de todos los días quieren mantener oculto y olvidado.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-2420091412252865871?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/2420091412252865871/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=2420091412252865871' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/2420091412252865871'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/2420091412252865871'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/07/luis-riffo-mercurio-de-valparaso-2008.html' title='Luis Riffo / Mercurio de Valparaíso, 2008.'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-6356414023948139898</id><published>2008-03-23T11:40:00.000-07:00</published><updated>2008-03-23T11:47:35.338-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rodrigo Arroyo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chilean Poetry'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Pablo Pereira'/><title type='text'>Juan Pablo Pereira, Letras s.5. Marzo 2008.</title><content type='html'>&lt;p class="Estilo4" align="center"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Para una primera impresión de una  tachadura de Rodrigo Arroyo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;              sobre la &lt;/span&gt;&lt;em style="font-weight: bold;"&gt;poesía  chilena&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo4" align="center"&gt;&lt;em style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;           &lt;p class="Estilo5" align="center"&gt;Por Juan Pablo Pereira&lt;/p&gt;&lt;p class="Estilo5" align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;           &lt;p align="right"&gt;&lt;em&gt;Si la contraseña fuese el abandono necesitaríamos  heraldos de voz baja&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;La cita sólo viene al caso por su belleza. Pero hay libros irritantes. No por lo horrible que sea leerlos y verlos unirse a la legión de trucos sucios que intenta jugarnos una escena crítica extraviada entre las bengalas y la somníferos -sino por lo buenos que son, al punto de recordarnos que tan mal escribimos. La irritación es, finalmente, directa a nuestra envidia. &lt;em&gt;Chilean Poetry&lt;/em&gt;, de  Rodrigo Arroyo (Fuga, 2008) es uno de esos libros. El canallesco elogio de la madurez de una voz no debiera venir al caso, pero igual llama la atención la profunda juventud de su autor contrastada con nuestros prejuicios respecto a cómo escribe -dogmática, torpemente- alguien de su edad. También más viejos. Arroyo no maneja dogmas, si no la seguridad de una aproximación a la poesía que si no es sistemática al menos tiene marcadas, coherentes líneas de estructuración que bordean el sistema. Pero ello no impide la apreciación del simple tono, en una zona no aguda ni grave, casi conversacional e interpelatoria pero en &lt;em&gt;voz baja&lt;/em&gt;, como quien invita a conversar. Tampoco debiera dejarse pasar la reconstrucción de una verdad sentenciada una y otra vez con profundidad, que no hay por qué explorar en biografía sino en la aprehensión y procesamiento de los frutos de una observación sensible a la realidad fuera del texto -que la textualiza y reformula. Anunciando la invención -en su doble sentido original, que incluye el descubrir- de los engranes internos de las cosas que toma, Arroyo rearma los mecanos de una observación paciente, punto por punto de sus materiales. Quiza demasiado paciente, y no me queda claro si la idea de Arroyo es totalizadora o no. No se trata de intenciones, sino de los resultados descontrolados -y enhorabuena- de las consecuencias de un intento. Algo así como -tosemos al decirlo- el destino de una obra. Arroyo inscribe en un muro, el del laberinto y los ecos visuales de dicho acto no son casuales. Un esténcil, diríamos los de la ciudad. O la intervención masiva de una ciudad con todos los enténciles que vengan al caso. Este libro no tendrá ese efecto, estamos en Chile y en la poesía chilena. Pero debiera.&lt;/p&gt;           &lt;p align="justify"&gt;No agoto en nada lo extraíble de este libro. Pero retomo la palabra destino, destinación mejor si es necesario bajar el tono. Veo en &lt;em&gt;Chilean Poetry&lt;/em&gt; -ahora sin bombos ni alharaca anunciatoria- un real proyecto general de panorama de lo que se trata y deberá tratarse la línea futura de lo que sigamos escribimos en el erial, ante la quiebra de la neodivinacomedias &lt;em&gt;from below&lt;/em&gt;. Pasado, supongo, el tiempo de las estridencias desesperadas del megáfono anclado en la esquina de Marginalidad con Academia, Arroyo procede a ignorar el decadentismo (a)séptico que paralizó a una generación -la mía, la que él deja atrás con este libro- y tratar el lenguaje como a un caballo ni de carga ni de tiro, sino como el que trota buscando la salida- no necesariamente buscando salir- de este laberinto, que Arroyo sabe habitar tan bien, como el nómade experto que es -biografías no, pero Arroyo transita entre la plástica y la literatura indistintamente- y que da por perdidos, no por muertos los pasadizos ya surcados. Me quemo: creo que Rodrigo Arroyo con este libro deja atrás los dificultosos intentos de mi generación poética por resolver su pugna interna entre sentido vs. urgencia -que no logró, obviamente, y escribe uno de los libros fundasmentales del grupo que habrá de contradecir definitivamente tanto a la “novísima” como a ese grupo impreciso que aquí mismo denomino &lt;em&gt;los rezagados&lt;/em&gt;. Me creo uno de estos últimos, y acepto que perdimos la antorcha. Con un puñado más -el otro Arroyo, Herrera, Becerra, Cardani y otros que se me van- la llevan ahora Rodrigo Arroyo y &lt;em&gt;Chilean Poetry&lt;/em&gt;. Invito a leerlos. Y a  tachar.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;Texto aparecido en: &lt;a href="http://letras.s5.com/ra230308.html"&gt;Letras.s5.com&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-6356414023948139898?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/6356414023948139898/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=6356414023948139898' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/6356414023948139898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/6356414023948139898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/03/juan-pablo-pereira-letras-s5-marzo-2008.html' title='Juan Pablo Pereira, Letras s.5. Marzo 2008.'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-3624282096655824722</id><published>2008-03-11T07:07:00.000-07:00</published><updated>2008-03-11T07:10:33.308-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antología el mapa no es el territorio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Daniel Hidalgo'/><title type='text'>Daniel Hidalgo, Revista Ciudad Invisible. marzo 2008</title><content type='html'>Dos antologías poéticas porteñas&lt;br /&gt;Por Daniel Hidalgo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Armar una antología es siempre un ejercicio político. Se trata de trazar líneas y de desmarcarse, se basa en armar un cuadro estético y discursivo, de proponer un canon, un catálogo de micro estéticas. Pero ante todo, es un acto de discriminación en el mejor sentido de la palabra. Las antologías se sostienen en todos aquellos que no fueron antologados, bajo los criterios que se estimen convenientes. Por lo tanto una buena antología es aquella que abre el diálogo, que cuestiona, que enciende el fuego lingüístico.&lt;br /&gt;Valparaíso está plagado de antologías de poesía joven y no tan joven, de diversos tipos, con diversas intenciones y de diversa calidad. Sin embargo, en un limitado campo editorial como el local, las antologías pueden resultar peligrosas e incluso dañar las pretensiones de los poetas nuevos y de los eternos emergentes, a quienes vicia y expone una obra que finalmente no existe. Esto sumado a la ineficacia de un territorio que no ha sido capaz de sostener un aparato crítico.&lt;br /&gt;    Ismael Gavilán se gana el título del antologador menos ingenuo de la lírica porteña, es más, con la publicación de “El Mapa no es el Territorio, antología de la joven poesía de Valparaíso” (Editorial Fuga, 2007) Gavilán da una ingeniosa lectura sobre el quehacer poético de la zona, aderezando a ésta, dos gestos técnicos y políticos: por un lado antologar no sólo a porteños, sino que a quienes simplemente, en algún momento, se hayan topado con este rincón del mundo, residan aquí o no, y allí radica el criterio y nombre de la publicación. Pero además, el otro gesto, es que se autoantologa, evidenciando su postura antievangelizadora respecto a su propia figura.&lt;br /&gt;    Es posible identificar dos patotas grandes en el corpus de la publicación: por un lado los nombres de poetas con el camino más aventajado y con cierta presencia en la actividad docente universitaria como los nombres de Sergio Madrid, Enoc Muñoz, Bruno Cuneo y el mismísimo Ismael Gavilán; y por otro lado los más jóvenes que confluyeron en talleres de escritura en La Sebastiana como Alberto Cecereu, Pedro Godoy, Karen Toro o Raimundo Nenen.&lt;br /&gt;    Ante todo, se trata de una selección de nombres con gran participación en las actividades de la zona, pero además de acercamientos académicos, por lo que se trata -salvo ligeras excepciones- de poesía con cierta inquietud intelectual, que problematiza y propone.&lt;br /&gt;En cuanto a la edición, se trata de un grueso libro de una cuidadosa factura, de esos que da gusto tener sobre el velador, de detalles y buen material. Y en cuanto a su contenido, resulta completo. Hasta se da el tiempo de abordar breves ars poetica de cada uno de los seleccionados y reseñas biográficas hacia su final.&lt;br /&gt;Una muy buena antología, que nos sirve para surfear por las olas de la poesía regional y saber en qué están nuestros poetas más jóvenes que resultan más interesantes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-3624282096655824722?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/3624282096655824722/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=3624282096655824722' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/3624282096655824722'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/3624282096655824722'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/03/daniel-hidalgo-revista-ciudad-invisible.html' title='Daniel Hidalgo, Revista Ciudad Invisible. marzo 2008'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-4836547095144751965</id><published>2008-03-02T20:24:00.000-08:00</published><updated>2008-03-02T20:25:58.724-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Luis Riffo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Plaquettes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mario Borel'/><title type='text'>Luis Riffo, Mercurio de Valparaíso, 2007. Mario Borel</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/R8NejQvp6nI/AAAAAAAAAGI/GTxb63kTFwY/s1600-h/plaquette+Mario.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 132px; height: 231px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/R8NejQvp6nI/AAAAAAAAAGI/GTxb63kTFwY/s400/plaquette+Mario.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5171080757034740338" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"El hablante de Mario Borel está instalado en el centro de un mundo agitado e inseguro, desde el cual describe un proceso de cambios personales producidos en la etapa de la adolescencia y que se caracteriza por la pérdida de la inocencia y la sensación de desarraigo, además de la tentativa de búsqueda más allá de los márgenes de la familia, cuyo funcionamiento el poeta decodifica y desarticula: “Después del tecito de la once / de los mimos de las madres / los chicos de la cuadra / íbamos a las discos de moda / con poleritas de la Marlen Dietrich” o “En la noche quedamos a las nueve / para ir a embriagarnos / y huir de la sarna / como todas las semanas”. Búsqueda marcada por una sexualidad divergente y el vértigo de un exceso que es al mismo tiempo la construcción de la propia identidad. La escritura de Borel dibuja el paisaje de una orfandad que se refugia en los espacios e íconos de la fiesta juvenil y la cultura popular globalizada."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Luis Riffo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-4836547095144751965?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/4836547095144751965/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=4836547095144751965' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/4836547095144751965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/4836547095144751965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/03/luis-riffo-mercurio-de-valparaso-2007_02.html' title='Luis Riffo, Mercurio de Valparaíso, 2007. Mario Borel'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/R8NejQvp6nI/AAAAAAAAAGI/GTxb63kTFwY/s72-c/plaquette+Mario.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-8779631864072997906</id><published>2008-03-02T20:20:00.000-08:00</published><updated>2008-03-02T20:22:50.196-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Revista Antítesis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antología el mapa no es el territorio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marcelo Novoa'/><title type='text'>Marcelo Novoa. Revista Antítesis, 2008</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;El mapa no es el territorio&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;Recopilación y prólogo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;de Ismael Gavilán&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;Valparaíso, Editorial Fuga, 2007.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="right"&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;por Marcelo Novoa Sepúlveda&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;Sólo un Lector en el Panorama inmerso&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;Cada vez que recibimos una antología, se pone a funcionar en nosotros un aparato crítico aceitado por incontables taxonomías literarias que guardamos en nuestra memoria. Desde aquellas célebres, por iniciáticas, aquí pienso, por sobre muchas, en Anguita y Teitelboim (1938), o incluso, aquellas que no pasan de ser nóminas funcionarias (los Calderones, 1998) o listas de amistades al uso (Upla, 2002). Por ello, comentar &lt;i&gt;El Mapa no es el Territorio &lt;/i&gt;de Ismael Gavilán&lt;i&gt;(Valparaíso, 1973)&lt;/i&gt;, resulta una fruición, un desafío y una necesidad lectoras. Y no necesariamente en ese mismo orden. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;    &lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;Establezcamos el marco de referencia poética, que no crítica, de esta nueva selección de autores "porteños" (aquí no nos queda claro si habitar es merecer, así como, pernoctar no debe tomarse por soñar, aunque una necesite de la otra y etcétera de viceversas), pues nos asaltan varias dudas, mismas que el prólogo, razonado y algo circunspecto –como lo es su propio autor, un caballero fuera de temporada– se encargan de dilucidar. Así, casi todos los poetas aquí antologados, no necesariamente son oriundos o lugareños, ni mucho menos, habitués del lugar común denominado "Valparasímismo" (noche, puerto, bohemia, escandalera). Por lo mismo, sus influencias, temáticas y campos semánticos no aparentan casi ninguna noción de color local o siquiera, continuismo verbal con las voces del pasado regional. Y finalmente, todos ellos han publicado o sido antologados, se dedican a traducir y criticar a otros en medios de prensa y académicos, y la media de sus lecturas es amplia y marginal al mismo tiempo. En definitiva, son autores en plena posesión de sus facultades escriturales, y no descubrimientos de última hora. Y esto, en una zona densamente poblada de recitadores, preformistas y dueños de la verdad poética, resulta un acierto mayor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;    &lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;El texto dividido en tres, sin mayor especificación que la biográfica, reúne primero, poetas nacidos entre 1967 y 1977; luego, hará lo mismo, con otros nombres fechados entre 1970 y 1986; por último, comparecen los demás, nacidos entre 1972 y 1985. Misterio y enigma, por cierto, interrogantes abiertas por cualquier ejercicio de compilación, con sus respectivas dosis de acierto y error, validez o inutilidad. En fin. Lo que sí salta a la vista, con gran claridad, es el corte geográfico-lingüístico que adosa a estos 29 poetas al devenir actual de la poesía chilena, antes que fijar cánones provincianos, o aún más, sumirse en las profundidades pantanosas de querer definir estética y estilísticamente un "hacer-poesía-porteña" . &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;    &lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;Revisemos a los poetas en cuestión. Antojadizamente, dejaré fuera de estas breves notas de lectura a los más cercanos (&lt;i&gt;mis semejantes, mis hermanos&lt;/i&gt;), pues su obra y valía resultan incuestionables para mí, más allá de inclusiones o exclusiones de panoramas de este tipo. Me refiero a Sergio Madrid, Sergio Muñoz, Ismael Gavilán, Eduardo Jeria, Enrique Morales y Felipe Hernández, con quienes hemos compartido muchos años aciagos para el ejercicio poético en esta ciudad de espaldas a sus autores, además de algunos secreteos y rencillas de rigor. Sólo resta decir que Muñoz y Morales, desde hace mucho, y luego Gavilán y Jeria, hasta hoy, seguidos por Jorge Polanco y Karen Toro, gozan de la envidiable buena costumbre de reunir cada cierto tiempo a sus pares, en sendos encuentros universitarios o bien, editoriales y no proyectos de impresión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;    &lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;Entonces, aparecen las peculiaridades formales que un lector quisquilloso (o viejo y mañoso lector) puede detectar entre tanto texto suelto. Macelo Pellegrini, Alberto Cecereu, Cristian Geisse, Danny Nuñez, Enoc Muñoz, Constanza Ceresa y Daniela Giambruno muestran una dialéctica ardiente de pensamiento y lengua en sus poemas mentales de &lt;i&gt;oscura inteligencia&lt;/i&gt;. En cambio, Alejandro Cerda, Felipe Moncada, Cristián Cruz, Karen Toro, Diego Alfaro y Gladys Mendía, vuelven su mirada ontológica hacia el paisaje real que deviene en iluminación o polaroid de palabras irrefutables. A su vez, Bruno Cuneo, Raimundo Nenén, Francisco Vergara, Mario Ortega, Rodrigo Arroyo, Gonzalo Gálvez, Marcela Parra y Mariela Trujillo, conjugan sus muchas lecturas cáusticas con dardos precisos en la piel más cruda de la realidad, causándole más de un escozor al lector desprevenido. Punto aparte para mi sorprendida lectura, los fragmentos largos y densos, dramáticos e irónicos de Claudio Gaete y Florencia Smiths. Poetas en edad de merecer mayor reconocimiento y visibilidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;      &lt;span style="font-family:Garamond;font-size:100%;"&gt;Finalmente, quisiera ser enfático al recomendar esta muestra antológica, tanto para lectores de éstas u otras latitudes. Pues se presiente la búsqueda de un equilibrio siempre difícil, entre autores consultados y nombres definitivos, por parte del antologador-antologado. Asimismo, la inoculta condición de panorámica que desbordan todas sus premisas iniciales, certifica sólo niveles sutiles y contundentes de calidad literaria de este puñado harto disímil de autores porteños, tanto por extensión, o bien, intensión. Cualquier deuda impaga, exclusión arbitraria, o bien, perversidad oculta entre estos 29 nombres, ya no corresponden al terreno de la poesía. Y de farándula, creo, ya estamos hastiados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Artículo publicado en el número 3 de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Revista Antítesis&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-8779631864072997906?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/8779631864072997906/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=8779631864072997906' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/8779631864072997906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/8779631864072997906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/03/marcelo-novoa-revista-anttesis-2008.html' title='Marcelo Novoa. Revista Antítesis, 2008'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-518638463508879631</id><published>2008-03-02T20:18:00.000-08:00</published><updated>2008-03-02T20:20:27.512-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antología el mapa no es el territorio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Luis Riffo'/><title type='text'>Luis Riffo, Mercurio de Valparaíso, 2007</title><content type='html'>&lt;table style="text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="575"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr style="font-weight: bold;"&gt;&lt;td align="left" valign="top" width="575"&gt;&lt;p class="TEXTepigrafe"&gt;Comentario de libros&lt;/p&gt;&lt;!--/TEXTepigrafe--&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;   &lt;tr&gt;&lt;td align="left" valign="top" width="575"&gt;&lt;!--TITULAR--&gt;&lt;p class="TITULAR"&gt;El mapa no es el territorio&lt;/p&gt;&lt;!--/TITULAR--&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;  &lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;!--TEXTbajada--&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTbajada"&gt;Antología de la joven poesía de Valparaíso, recopilación y prólogo de Ismael Gavilán, editorial Fuga, Valparaíso, 2007, 337 páginas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;!--/TEXTbajada--&gt;     &lt;/div&gt;&lt;table style="text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" border="0" cellpadding="2" cellspacing="2" width="200"&gt;     &lt;tbody&gt;&lt;tr valign="top"&gt;      &lt;td&gt;&lt;!--FOTO200--&gt;&lt;table border="0" width="80"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="center" width="100%"&gt;&lt;img src="http://www.mercuriovalp.cl/invite2003/site/edic/20071025114027/imag/FOTO20020071025142511.jpg" /&gt;&lt;!--_PFOT200--&gt;&lt;!--/_PFOT200--&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;!--/FOTO200--&gt;&lt;/td&gt;     &lt;/tr&gt;    &lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;    &lt;!--TEXTarticulo--&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;POR LUIS RIFFO.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Ésta es la publicación inaugural de la editorial Fuga y, al parecer, define su intención de centrar su mirada en la realidad literaria de la región, de un modo semejante a como en su momento lo hicieron Trombo Azul y Bogavantes. Un comienzo auspicioso si se toma en cuenta la calidad del objeto libro y la ambición de su contenido, que concentra de algún modo esa inquietud secreta que los lectores de poesía han sentido vibrar en forma dispersa, casi clandestina, durante las últimas dos décadas.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Bajo el enunciado negativo del título, Gavilán reunió a los poetas con la conciencia clara de que toda rigurosidad metodológica puede ser puesta en tela de juicio, incluida la clasificación etárea y geográfica que definen su criterio antológico. Sin duda, se trata de un celo excesivo, una sinceridad casi autodestructiva que reconoce las debilidades que todo esquema tiene para representar la realidad (“el mapa no es el territorio”), pero omite el hecho más simple, y no menos válido, de que una selección literaria no puede entenderse ajena a las preferencias biobibliográficas del antologador. Afinidades selectivas que tienen mayor injerencia cuando se trata de autores que se mueven más o menos dentro de una misma generación.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Los espacios de convergencia que Gavilán menciona en el prólogo son un indicio de ciertos rasgos comunes, externos, pero que algo inoculan en las escrituras particulares. Me refiero a los talleres de la Sebastiana, el centro cultural Balmaceda, las universidades y los diversos bares en los que se han realizado recitales de poesía. Puntos de encuentro que sustituyen en buena medida a los libros, inexistentes en el caso de algunos poetas o de escasa circulación cuando los hay. Es en estos ámbitos, con el particular paisaje urbano porteño de fondo, donde se ha hecho visible lo que el compilador define como “una serie de discursividades poéticas (...) poseedoras de un rigor lingüístico-imaginativo” y de “una capacidad retórica de encarnación significante que suscita un atractivo a nuestra lectura”.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;La antología incluye a veinte poetas nacidos entre 1967 y 1985, pertenecientes a las llamadas generación del noventa y novísima. Cada selección comienza con la ya clásica e incluso necesaria arte poética: una suerte de declaración de intenciones que el lector puede comparar con el trabajo poético propiamente tal. La muestra, dentro de su heterogeneidad, permite apreciar como rasgo común una sólida formación literaria que tiene su mayor asidero en la lectura, de la que da cuenta la cita de autores, las dedicatorias y las relaciones intertextuales que establecen vasos comunicantes entre el trabajo de estos jóvenes poetas con sus compañeros de generación y con la tradición poética nacional y universal.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;Otro aspecto relevante es la intensidad con que se expresa la conciencia del oficio, de sus límites expresivos, que se manifiesta en grados distintos que van desde el escepticismo hasta el nihilismo y que sólo a veces tiende a una tímida mistificación o una dubitativa esperanza respecto de las posibilidades del lenguaje poético.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;En suma, se trata de una obra abierta y con la suficiente representatividad (¿por qué no la sumergida generación del 87?) para comenzar a descubrir lo que sucede con una producción poética que diluye las fronteras ilusorias de la provincia.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="TEXTarticulo"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;*Comentario publicado en el suplemento INVITE de El Mercurio de Valparaíso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-518638463508879631?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/518638463508879631/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=518638463508879631' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/518638463508879631'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/518638463508879631'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/03/luis-riffo-mercurio-de-valparaso-2007.html' title='Luis Riffo, Mercurio de Valparaíso, 2007'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3984797334828081080.post-8565965718087181534</id><published>2008-03-02T20:16:00.001-08:00</published><updated>2008-03-02T20:17:59.767-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antología el mapa no es el territorio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Álvaro Bisama'/><title type='text'>Álvaro Bisama, PUCV 2007</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Presentación de la antología de poesía joven de Valparaíso El mapa no es el territorio de Ismael Gavilán,&lt;span style="display: block;" id="formatbar_Buttons"&gt;&lt;span class="" style="display: block;" id="formatbar_JustifyFull" title="Justificar a ambos lados" onmouseover="ButtonHoverOn(this);" onmouseout="ButtonHoverOff(this);" onmouseup="" onmousedown="CheckFormatting(event);FormatbarButton('richeditorframe', this, 13);ButtonMouseDown(this);"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Por&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; font-weight: bold;" class="MsoNormal"&gt;Alvaro Bisama&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Toda antología es, en cierto modo, una ficción. Un relato tan falso como frágil. De este modo nuestras mejores antologías literarias son aquellas que hacen de sus imperfecciones un ejercicio de estilo, capturan estados de ánimos, consignan errores o vanidades y valentías para la posteridad. Por supuesto, consiguen efectos diversos: desde el arrojo de los trabajos de Ramón Díaz Eterovic y Diego Muñoz Valenzuela en los 80 a la vacuidad de artefactos ya olvidados como “Los pecados capitales”, perfecta síntesis del vacío de nuestra Nueva Narrativa Chilena; pasando, cómo no, por el infiernillo provinciano de “Cantares”, aquella panorámica de la novísima poesía chilena perpetrada hace un par de años por Raúl Zurita.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Cada uno de esos textos es una foto trucada, sacada desde un presente falso de nuestra literatura. Ahí están sus vicios desechables, sus flaquezas, mezquindades y horrores. O sus modas. Brillan ahí ejercicios de sobrevivencia, las lecturas diarias, las poses hostiles o cotidianas de nuestra ficción y poesía. Pero también flota otra idea, la que sugiere que las buenas antologías son escrituras sin escritura. Porque no hay nada más extraño que escribir una novela o un poemario con la literatura de los otros. Los buenos antologadores son así, gente que es capaz de trazar y cortar y pegar y montar la obra ajena como si fuera propia, buscando hilos, oscureciendo e iluminando sentidos, trazando conspiraciones y descubriendo secretos. Gente que simplemente supera su silencio con la voz de los otros, que hace de sus obsesiones un kit para armar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;O un mapa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;En el libro que presentamos hoy, algo de eso hay. De un mapa tan ficticio como necesario. Mal que mal, una de las mejores virtudes de la presente compilatoria es la conciencia de la precariedad de su propio orden, de aquella condición feble de polaroid que aparece o desaparece según el tiempo: una imagen borrosa que se hace cada vez más nítida de la escena de la poesía regional. Dice Ismael Gavilán en el prólogo: “por supuesto que esta no es la poesía “joven” de esa palabra que pensamos metafóricamente y que se llama Valparaíso. En absoluto. Toda pretensión de representatividad en el más clásico sentido del término es ajena a nuestra voluntad consciente, al menos: no son todos los que están, ni están todos lo que son. Pero digamos en nuestra defensa que, a estas alturas, ya no puede esperarse una objetividad investigativa en lo que respecta al esclarecimiento de una pretendida escena”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Lo inquietante es que, una vez leído el texto completo, ese corpus (o sistema o constelación) adquiere una densidad inédita. Se&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;vuelve, sin desearlo, objetivo. Esto es fácil de explicar: en un espacio como el porteño, los ejercicios dedicados a esta clase de esfuerzos nunca han sido demasiado eficaces. A medio camino entre el amauterismo y la improvisación, las compilaciones que he leído de poesía local (que no mencionaré por pudor o buen gusto) casi nunca han remediado aquella necesidad de un mapa que ordene lecturas y componga algo parecido a un canon.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Eso, tal vez porque la manera en que la literatura se exhibe o despliega en Valparaíso está atada a una necesidad de escenificarse con unos modales a ratos revisteriles, como vedettes vestidas con las alhajas del patrimonio, ofreciendo un espectáculo pocas veces digno, casi siempre magro. Solo así se entiende cierta aspiración de alguna clase de literatura local a vestir con eficaz exotismo un disfraz funcionario que encubre la idea de un presente armado como una colección de ruinas secas donde se escribe al modo de un parroquiano zombie que alguna vez fue al Rolan Bar. Se redacta así, una caricatura del puerto al modo de una postal, como una excusa patrimonial que exprimir para seguir ocupando posiciones canónicas, una foto de un lugar que no es real, puro maquillaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;De ahí que se imponga la necesidad de ordenar el panorama poético como una forma de trabajar contra la precariedad cultural de la zona. De despejar la bruma y darle consistencia propia a voces que hasta ahora han cantado quizás desde el lugar del karaoke.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Ismael Gavilán lo tiene claro en la presente antología. El mapa no es el territorio. O mejor dicho, lo que creemos que es no es lo que es. Dice Ismael en el prólogo: “la palabra Valparaíso tal vez suena como una desafortunada barita mágica en su pretensión de abrir horizontes de significado que permitiesen la aglutinación coherente de tal diversidad de autores y sus respectivas obras en proceso de difusión y publicación”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;De ahí que antologar parezca jugar a trazar un territorio donde las lecturas serían líneas de colores que señalizan carreteras. O las obras y autores como pueblos o paraderos de micro. Aquel mapa sería casi siempre falso. Una ilusión más o menos antojadiza cuya función sería reparar grietas en el imaginario, solucionar problemas tácticos, ofrecer modos de comprensión de la cultura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Por supuesto, el territorio que dibuja Gavilán no tiene referencias tan claras. Mal que mal y sin querer queriendo, este libro se trata de la historia encubierta de una generación literaria. De sus límites; de lo complejo que puede significar proponer un cuadro sintético de la poesía joven, calificación que es por cierto, viejísima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;En ese sentido, el texto, creo ha tenido que sortear tres problemas para habilitar la legibilidad de su mapa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;El primero y más obvio es la inexistencia de un cuadro ordenador más o menos consistente que solucione los problemas de la generación local anterior, que la dibuje o la invente. Hay un vacío, un agujero negro ahí que puede sintetizarse, por ejemplo, en el modo pobre o impresentable en que se ha leído a Juan Luis Martínez, a medio camino entre el murmullo y el mito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;El segundo es que los mapas del segmento del cual se ocupa Gavilán (los que hay) han sido insuficientes o no han comprendido los problemas de un trabajo de esta envergadura. En vez de preguntarse por las significación de las escrituras locales han sencillamente testimoniado los latidos de una escena sin avanzar hacia ningún lado, sin contemplar en su ejercicio –al modo de supuestas pistas de aterrizaje en el mapa-&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la ficcionalización de ese mismo conjunto (al modo de las novelas críticas que esboza Justo Pastor Mellado en el campo del arte), o los cortes con la tradición y la angustia de las influencias. Sin ir más lejos, verificar de algún modo contra quién se escribe, contra quién se lee.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;El tercer de los problemas sería la relación del texto de Gavilán con la escena nacional: lo local ya no sólo como un lugar de procedencia sino como un modo de escritura,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de administración de discursos, de relaciones entre producción y circulación de los textos. Basta leer “Cantares”, la antología curada por Zurita para darse cuenta que esa pretensión de ordenamiento total no es capaz de ver las variables específicas de una colección de escrituras en permanente tensión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Desde esos tres límites es de donde hay que leer el texto: desde su relación con el pasado ausente, con las fallas o problemas de las antologías anteriores y finalmente, con el despliegue de un supuesto escenario nacional. Esos tres problemas están cruzados en esta compilación como preguntas que el lector debe o puede responder respecto de los autores. Esas preguntas podrían ser: ¿cuál es la relación de filación/afiliación con la generación anterior? ¿cómo se llevan o se leen estos autores en el plano de la poesía nacional?¿hasta qué punto las antologías anteriores han cartografiado bien la escena?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Por supuesto, el libro ofrece respuestas sutiles o contundentes a dichos problemas: la necesidad de incluir, para cada uno de los antologados, una poética personal funciona como una seguidilla de pistas para dicho asunto. Para una generación que ha visto tantas películas como la mía, siempre se agradece un making off. Tal vez ese sea, por cierto, uno de los puntos fuertes del volumen. Dicha colección de manifiestos íntimos que revela métodos, aspiraciones discursivas, lecturas cruzadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Especie de informe forense sobre cardiopatías personales de la poesía local, las declaraciones de estos poetas señalan –incluso a veces más que los poemas- sus modos de relación con la palabra y el espacio, con la técnica de la escritura, con la tradición. No es un problema menor. Hay algo de confesionario en el gesto. O de reality. De hablarle a una cámara que no está, con una desnudez no buscada que revela, mal que mal, el propio artificio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Por supuesto, se trata de un problema en cierto modo político. “El único habitar posible para un poeta es el lenguaje”, dice Ismael Gavilán al comienzo del prólogo. Lo inquietante es que ese lenguaje, en el periplo de casi veinte años que supone la distancia entre Sergio Madrid (1967) y Mariela Trujillo (1985) ha cambiado lo suficiente como para suponer que se han adquirido nuevos modos de habitar en el poema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Lo inquietante en este caso, es la ausencia de una sensación de ruptura en la compilación: la nitidez del panorama no sólo involucra una continuidad entre los textos sino también cierta solvencia discursiva, cercanías en el modo, de mirar, de trabajar los textos en el espacio de la cartografía local.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Pero puede que lo anterior sea una ilusión mía. O que ese sea el mejor efecto especial de la curatoría de Ismael Gavilán: aquella apariencia de una continuidad apenas entrevista antes, la coherencia de un relato que viene a solucionar la incertidumbre desde donde la literatura local siempre ha trabajado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Puede ser. En ese relato, de espaldas al cliché, los poetas de esta antología se rebelan contra el deber ser de una escritura atada a un paisaje inmóvil del puerto para captar la respiración de su propia lengua viva. Valparaíso queda así congelado como un contexto o una sombra apenas perceptible en el ojo del lector, al modo de una referencia más en el mapa de lecturas de los autores, preocupados como están en habitar y habilitar la tradición como una casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Hay así, en ellos, algo que me recuerda a cierto método de Borges (que patentó en “Kafka y sus precursores”): aquella capacidad de leer hacia atrás diversos autores para convocarlos en su propio espacio con sus propias reglas. Esa comodidad –la de adaptar y doblar el canon a gusto- funciona acá, en este panorama poético, como una virtud inesperada. De este modo, si párrafos atrás, me preguntaba por los efectos de la lectura local de Martínez, es acá donde debe medirse pues aparece, por fin y una y otra vez, desapegada de cualquier lastre mítico. Al modo de secuela de una cinta cuya primera parte jamás hemos visto pero en la que solucionan sus enigmas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;En ese contexto, es posible percibir en este volumen la intriga colectiva que compone una biografía generacional. Pienso en la intriga como una colección de relatos cruzados cuyo sentido primordial es intervenirse nerviosamente una y otra vez, no descuidando la tensión nunca. Pienso en la intriga como el modo elíptico de contar un secreto. Ese secreto, está acá, por cierto, a la vista de todos y sugiere modos para hablar en clave del tiempo presente o, mejor dicho, de cómo leer en el tiempo presente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Esa generación estaba antes pero es Ismael Gavilán el que la inventa con esta antología, donde la acerca a aquel lugar fuera del tiempo al que aspira toda escritura. Mientras, evita que se convierta en una anomalía o un anacronismo y pinte la Historia como una naturaleza muerta. Ese gesto de respiración artificial, por cierto, se agradece. En un lugar saturado de su propia mitología agonizante como Valparaíso, la opción de habitar o sugerir el habitar de la propia lengua revierte las fragilidades endémicas de nuestra poesía local. Devuelto a la categoría de herramienta útil por medio de la antología, la ciudad se convierte en otro relato que escapa de su propia congelación, que está, por instantes y en estas páginas, vivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;{Texto leído en la presentación de la antología El mapa no es el territorio en la Sala Obra Gruesa de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso el 11 de octubre de 2007}&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3984797334828081080-8565965718087181534?l=fugacritica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fugacritica.blogspot.com/feeds/8565965718087181534/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3984797334828081080&amp;postID=8565965718087181534' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/8565965718087181534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3984797334828081080/posts/default/8565965718087181534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fugacritica.blogspot.com/2008/03/lvaro-bisama-pucv-2007.html' title='Álvaro Bisama, PUCV 2007'/><author><name>Editorial FUGA</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bVzWN_AOoPA/SZT4DmJE5SI/AAAAAAAAAdo/b8U60q6ROBc/S220/logofuga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
